Me pasé la lengua por los labios, sin atreverme a preguntar nada más.
Pero por dentro ya había decidido: cuando todo terminara, iba a sacar las fotos que yo había tomado de nosotros y las pondría también en ese álbum.
Como me quedé quieta sin moverme, Mateo se impacientó:
—Te dije que salieras. No vaya a ser que tu prometido empiece a imaginar cosas.
—Entonces… entonces déjame ver el álbum otra vez.
En cuanto dije eso, la mirada de Mateo se volvió peligrosa.
Sin responder, tomó el álbum y lo col