En ese momento, un sonido agudo empezó a reproducirse desde la mesa.
Era mi celular devolviéndonos la cordura a los dos.
Mateo por fin se detuvo. Se puso tenso y me miró, con esos ojos oscuros que parecían querer devorarme.
Después de un silencio largo, dio dos pasos atrás.
Miró el teléfono. Yo también miré.
Javier estaba llamando.
La mandíbula de Mateo se tensó.
Su mano, aún en mi cintura, me apretó un instante, solo para soltarme al final.
Se notaba cómo trataba de resistir.
Se cubrió me