Ella trataba de decir algo, aunque le costara mucho.
Me acerqué y oí, una y otra vez, el nombre de Alan.
Ahí me quebré; empecé a llorar de tristeza.
Llamé a la ambulancia y, como loca, marqué el número de Alan decenas de veces, pero nadie contestó. Nadie.
Llorando, le dije:
—No, Valerie, no hagas esto. Alan seguro que está bien, tal vez se escondió por el dolor. Tienes que estar bien, tienes que explicarle. Él te va a creer, te ama tanto... Valerie, por favor, no... te lo ruego, no...
Valerie me