Después de un instante de desconcierto, el señor Felipe se rio fuerte.
—Mírame… de verdad me estoy haciendo viejo. No ha pasado tanto tiempo y ya me confundo.
—¿Cómo que viejo, señor Felipe? —dijo Darío rápidamente para halagarlo—. Usted se ve más joven que nosotros. Además, eso fue hace cinco años; es normal equivocarse, ja, ja, ja.
El señor Felipe volvió a mirarlo; lo que fuera que pasaba por su mente pareció calmarse un poco.
Luego, me miró a mí.
No importaba lo amable que pareciera: cuando m