Darío le lanzó una mirada al señor Felipe y, algo incómodo, se rascó la cabeza mientras hablaba con una sonrisa torpe.
—Señor Felipe, yo… ¿acaso lo hice enojar? Ay, todo es culpa mía, que soy tan bruto. Nunca he tocado a una mujer. Ahora que por fin me encuentro con una que me gusta, es normal que no sepa qué hacer. No se burle de mí.
Extrañada, lo observé; la sensación rara que tenía no hacía más que crecer.
Hubo momentos en los que me dio una sensación familiar que inquietaba, como si la forma