Volteé, lo abracé por la cintura y le sonreí con picardía.
—No importa, al final mañana es el día de Valerie, con que Alan vaya es suficiente.
Mateo asintió.
—Eso mismo pienso yo —dijo—, así que yo voy a ver al cliente y él va a acompañar a Valerie a la fiesta de fin de rodaje.
Dos segundos después, añadió:
—Vamos a ver, voy a intentar pasar por ti.
—Está bien.
Me acurruqué en sus brazos, tranquila y calentita.
Justo cuando estaba por dormirme, su voz grave sonó de repente sobre mi cabeza.
—Hace