Capítulo 1008
De la nada, Carlos se metió en mi camino. Preocupado y conflictuado, me preguntó:

—Tú… ¿estás bien?

Mi padre también se acercó, fingiendo inquietud:

—Aurora…

Yo respondí, con una sonrisa de rabia:

—¿Y ustedes quiénes son? ¿Acaso los conozco?

La cara de Carlos cambió; los ojos se le enrojecieron, pero no dijo nada.

Mi padre suspiró:

—Aurora, no seas así. No importa lo que pase, sigo siendo tu padre. Eso nunca va a cambiar.

No quería ni mirarlos.

Cerré los ojos, agotada, y me acurruqué en el pecho
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Susana MelendezExiste mucha maldad en la humanidad se han perdido los valores todo por la ambición al dinero.
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