Gael
La sostengo entre mis brazos como si fuera lo único real en este mundo. Quizás lo es. Su cuerpo, liviano y frágil, parece desvanecerse con cada respiración entrecortada. La sangre mancha su ropa, mi ropa, nuestras manos entrelazadas. No sé cuánta es suya y cuánta es mía. Ya no importa. Somos uno solo en este caos que por fin termina.
—Aurora —susurro contra su cabello, ese cabello que huele a fuego y a vida—. No te atrevas a dejarme ahora.
A nuestro alrededor, las sirenas aúllan en la dist