Aurora
El cielo nocturno se desvanecía en un amanecer grisáceo mientras Gael y yo nos arrastrábamos por el bosque. Cada paso era una agonía. La sangre se había secado en mi costado, formando una costra que se quebraba con cada movimiento. Gael no estaba mejor; cojeaba visiblemente, su brazo izquierdo colgaba inerte y su respiración era un silbido entrecortado.
—Un poco más —murmuró, señalando hacia adelante con la barbilla—. Hay un refugio.
Apenas podía mantener los ojos abiertos. Las últimas h