Gael
El tiempo se congeló cuando reconocí su silueta recortada contra las luces de emergencia. Imposible. Mi cerebro se negaba a procesar lo que mis ojos veían con absoluta claridad. Axel Deveraux estaba vivo, de pie frente a mí como un fantasma materializado de mis peores pesadillas.
—Sorpresa, hermano —dijo con aquella voz que creí silenciada para siempre en aquel incendio hace tres años.
Mi cuerpo entero se tensó. El arma en mi mano parecía pesar una tonelada mientras los recuerdos se precip