Gael
El mensaje llegó como un puñetazo en el estómago. Tres palabras en la pantalla de mi teléfono: "La tenemos. Ven." Y una ubicación.
Lancé el teléfono contra la pared con tanta fuerza que se hizo añicos. No necesitaba conservarlo. La dirección ya estaba grabada a fuego en mi mente, igual que la sensación de que todo esto era culpa mía. Aurora había desaparecido por mi causa.
—¡Mierda! —grité, golpeando la pared hasta que mis nudillos sangraron.
El apartamento se me caía encima. Cada segundo