Gael
El motor de mi Ducati rugió por última vez antes de apagarlo a tres calles del almacén abandonado. La noche era mi aliada, oscura y sin luna, perfecta para lo que estaba a punto de hacer. Me quité el casco y lo dejé sobre el asiento. Tal vez nunca volvería por él.
Revisé el arma que llevaba en la cintura, un regalo no deseado de mi pasado que nunca pensé volver a usar. El metal frío contra mi piel me recordó quién había sido, quién había jurado no volver a ser. Pero por Aurora, volvería a