Aurora
El tiempo se había convertido en una sustancia viscosa que se arrastraba con dolorosa lentitud. Las luces del hospital privado de la familia Montero brillaban con una intensidad casi agresiva sobre mi cabeza mientras corría por los pasillos siguiendo la camilla donde llevaban a Gael. Su rostro había perdido todo color, y la mancha de sangre en su costado se expandía como una flor macabra sobre su camiseta.
—Señorita, no puede pasar —me detuvo una enfermera cuando intenté seguirlos a trav