Aurora
El edificio de la comisaría se alzaba frente a mí como una fortaleza de hormigón y cristal. Gris. Imponente. Intimidante. Mis manos temblaban mientras las apretaba contra mi regazo, sentada en el asiento del copiloto del coche de Gael.
—Puedo esperar todo lo que necesites —susurró él, con esa voz que había aprendido a reconocer cuando intentaba no presionarme.
Respiré hondo. El aire olía a ambientador de pino y a la colonia de Gael. Una mezcla extrañamente reconfortante.
—No. Ya he esper