El silencio en la habitación de lujo fue interrumpido por un sonido seco: el ahogo de Yestin al escuchar la pregunta de su cuñada. El aire pareció escaparse de sus pulmones mientras sostenía el teléfono contra su oído, sintiendo cómo el calor subía por su cuello como una marea incontenible. Rosa, al otro lado de la línea, no conocía la palabra "filtro", y mucho menos la "discreción".
—Se nota que eres un poco curiosa, ¿verdad? —logró articular Yestin, aunque su voz sonó más pequeña de lo que