—Sí, es bien raro tu hermano. Yo creo que me confundió con alguna de sus ex, o quizá con esa mujer —comentó Yestin con una nota de burla, tratando de ocultar lo mucho que ese apelativo le había acelerado el corazón.
Esperó una respuesta, una risa, algo. Pero el silencio se prolongó. Yestin apartó el móvil de su oído, mirando la pantalla. El contador seguía avanzando: 12:45... 12:46...
—¿Rosa? ¿Sigues ahí? Pensé que me habías dejado hablando sola.
—Sigo aquí... —la voz de su cuñada sonaba