El vapor de la ducha aún flotaba en el aire como una neblina densa y cálida cuando Yestin emergió del agua. Cada gota que resbalaba por su piel parecía llevarse consigo un rastro de la tensión que había acumulado en los últimos días. Se aseó con una lentitud ritual, disfrutando del aroma del jabón que dejaba su cuerpo impecable, sintiéndose por un momento ajena a las tormentas emocionales que la rodeaban. Al secarse, su reflejo en el espejo empañado le devolvió una mirada de expectación.
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