Capituló 44
El silencio de la habitación fue devorado por el sonido de un beso que sabía a entrega absoluta. Al terminar de hablar, como si las palabras ya no fueran suficientes para contener lo que sentían, ella volvió a unir sus labios a los de él con una urgencia que rozaba la desesperación. Castiel no esperó más; la tomó en sus brazos, sintiendo el peso ligero y cálido de su esposa, y la llevó con una reverencia casi sagrada hasta la cama. La depositó con calma, pero sus ojos, oscurecidos por el deseo,