Castiel sentía que el nudo de su corbata era una soga que se apretaba con cada segundo que pasaba. A su lado, la figura imponente de su abuelo, Leonardo, emanaba una autoridad gélida, de esas que no necesitan levantar la voz para infundir miedo.
—Sabía que a ti lo que más te importa son las apariencias —soltó Castiel, con la voz cargada de un veneno que apenas lograba filtrar.
Leonardo se detuvo en seco antes de enfilar hacia el salón principal. Se acomodó los puños de la camisa con una parsim