Castiel sentía como si una soga estuviera apretándose contra su cuello. Sin embargo, el estupor que sentía en ese momento no provenía de su abuelo, sino de la mujer que compartía su misma sangre. Castiel se quedó paralizado, con la mandíbula tensa y los ojos fijos en Rosa. El silencio que siguió a su pregunta fue tan pesado que casi podía escucharse el latido acelerado de su propio corazón.
¿De verdad ella pensaba eso? ¿Después de una vida entera protegiéndose el uno al otro en aquel nido de v