Han pasado varios minutos desde que estoy en este auto; me la he pasado viendo de reojo al hombre que está en el volante, pero no voltea ni a verme, y eso no sé si sea una señal de que algo va mal o solo me estoy metiendo ideas a la cabeza.
“No podrás hacerlo, tú solo eres una fracasada”, escucho la voz de Riccardo de nuevo en mi mente.
—Cállate, hijo de puta. Te demostraré tanto a ti como a todos que están equivocados, así que largo de mi mente —digo en susurro para que nadie escuche.
Cierro m