Jayden, haciéndose el muy caballero, le acomodó la silla:
—Por favor, tome asiento.
Ya instalados, los meseros empezaron a desfilar con los platos. Jayden mismo le sirvió una copa de vino tinto.
—La especialidad de la casa es una maravilla, señorita Dunlap. Tiene que probarla, de veras.
Julieta asintió y apenas probó un par de bocados antes de dejar el tenedor a un lado.
—Señor Franco, si no le importa, preferiría que fuéramos directo al grano.
Jayden no insistió. Dejó su copa sobre la mesa y se