Eduardo se le quedó mirando un buen rato, tratando de digerir la locura que acababa de soltar.
Al final, soltó un suspiro, dándose por vencido.
—Está bien, yo te busco al abogado.
Noel asintió apenas y se recostó, con la mirada perdida en el techo. Sabía perfectamente que su vida se había ido al caño y que ya no había vuelta atrás. Y todo esto, él se lo buscó solo.
Se le escapó una lágrima que rodó por su mejilla hasta perderse en la almohada.
Eduardo lo observaba de reojo. Le dio una punzada