Capítulo 397 El testamento
—La tengo bien guardada. No te estreses, que la policía ya se encargó de todo y de esta no sale librada —respondió Eduardo.

En cuanto salió el nombre de Marta, dejó el vaso en la mesa con una sonrisa helada.

Noel cerró los ojos y apretó los dientes. Tenía el recuerdo de esa mujer dándole vueltas en la cabeza y le daba asco.

—Fui un estúpido... —masculló para sí mismo mientras se aferraba a las sábanas con rabia.

Eduardo suspiró y le dio una palmada en el hombro para darle ánimos.

—Ya no ganas
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