—La tengo bien guardada. No te estreses, que la policía ya se encargó de todo y de esta no sale librada —respondió Eduardo.
En cuanto salió el nombre de Marta, dejó el vaso en la mesa con una sonrisa helada.
Noel cerró los ojos y apretó los dientes. Tenía el recuerdo de esa mujer dándole vueltas en la cabeza y le daba asco.
—Fui un estúpido... —masculló para sí mismo mientras se aferraba a las sábanas con rabia.
Eduardo suspiró y le dio una palmada en el hombro para darle ánimos.
—Ya no ganas