Raina se detuvo un momento antes de subir al carro y miró hacia las ventanas del hospital.
Aunque desde ahí era imposible ver nada, estaba segura de que Iván estaba parado frente al ventanal, viéndola irse. Sentir eso le dio un vuelco al corazón.
—Vámonos —dijo por fin, dejando de mirar y acomodándose en el asiento de atrás.
Enzo cerró la puerta con cuidado, rodeó el carro y se subió por el otro lado. El motor arrancó y, en un momento, ya se habían mezclado con el tráfico pesado de la mañana.
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