Esa amenaza, aunque fuera para un simple asistente, iba con dedicatoria para Jayden. Humillar a su gente así era como darle un bofetón al jefe en su propia cara.
Se sintió una tensión pesadísima en el cuarto. Enzo tragó gordo, pero no tardó nada en recuperar la calma.
—Entendido, señor Herrera. Quédese tranquilo que le paso el recado palabra por palabra.
Raina terminó de acomodar sus cosas y miró a Iván, negando con una sonrisita de resignación.
—Ya párale, Iván, no lo estés asustando. Enzo nad