A Iván le brillaron los ojos de la emoción. Trató de levantarse rápido, pero el movimiento le dio un tirón en la herida y soltó un quejido de dolor.
—Eso te pasa por atrabancado —lo regañó Raina, aunque sus manos decían otra cosa mientras lo sostenía con mucho cuidado—. ¿Para qué te mueves así?
Iván aprovechó el momento para jalarla hacia él. Se quedaron tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.
—Raina...
Su voz se escuchó ronca, con una ternura que la envolvió por completo.
A Raina el cora