¿Celia? Pero si se supone que estaba internada en rehabilitación... ¿Qué diablos hacía ahí?
Raina aguantó la respiración y se acercó a la puerta de puntitas. Por la rendija alcanzó a verla ahí, parada frente a la cama de Iván.
Celia se estaba tronando los dedos, se notaba que se moría de los nervios.
Estaba flaquísima, casi en los puros huesos, y tenía la cara pálida, pálida... aunque en los ojos todavía se le veía ese brillo inquieto de siempre.
—Iván... ¿cómo estás? ¿Ya te sientes un poco me