—¡Tranquilo, hombre! —Diego se apuró a sostenerlo del brazo.
—Estás hecho pedazos, ¿a dónde crees que vas así? —soltó con un suspiro de pura frustración.
Aunque Iván no estaba tan grave como Román, tenía fracturas por todo el cuerpo y apenas podía mantenerse en pie.
Miró a Diego con una mirada que helaba la sangre. Si pudiera moverse por su cuenta, ya habría ido a buscar a Raina para traerla a rastras, quisiera ella o no.
—¿Ya identificaron al tipo? —preguntó Iván, tratando de recuperar el aire