Raina terminó de bañar a su abuela y se puso a secarle el pelo con cuidado.
—Abuela, ya vi a ese hombre —soltó Raina de la nada.
Sabía que su abuela no le había soltado ni una palabra porque estaba esperando a que ella misma se animara a hablar.
—¿Te decepcionó? —preguntó, con esa calma que solo dan los años.
Sabía bien que si el encuentro hubiera valido la pena, Raina ya lo habría traído con ella.
Raina soltó una risita amarga.
—De veras que usted lee el pensamiento, abuela. No se le va ni