Raina ni se molestó en contestar. Simplemente caminó hacia la salida.
Si el viejo le quería dejar algo, bueno, y si no, también. Ella no había venido por eso y no iba a dejar que le sacaran sangre así como así.
El mayordomo intentó detenerla, pero Nelson le hizo una seña para que la dejara en paz.
En cuanto salió, se topó de frente con Marta. La mujer tenía la cara pálida y todavía se le notaba la marca de los dedos de la cachetada. Se veía acabada.
Pero cualquier lástima se borraba al ver el