La noche estaba sumida en un silencio total. Raina, que ya no solía padecer de insomnio, se quedó mirando el cielo estrellado, perdida en sus propios pensamientos.
A su lado, Iván dormía profundamente apoyado sobre un costado. Su cara perfecta estaba un poco deformada contra la almohada, pero eso no le restaba ni un ápice de atractivo.
De pronto, los recuerdos de todo lo que habían pasado juntos se le vinieron a la mente.
Eran momentos que nunca se había esforzado por grabar en su memoria, pero