—¡Raina, buenos días!
En cuanto abrió la puerta, se topó de frente con Diego, que ya estaba por entrar.
—¡Buenos días!
Ella se fijó en las bolsas de comida que traía y lo entendió todo al instante.
Iván es de los que siempre se sale con la suya. Si ella no le seguía la corriente, él ya vería cómo le hacía por otro lado.
Lo de hace un rato no había sido más que un juego para tomarle el pelo.
—Aquí tienen su desayuno, hecho a la medida —dijo Diego con una sonrisita cómplice.
Había recibido el p