—¡Iván!
Raina se estremeció al escuchar el grito de puro terror de los ancianos que presenciaban la escena.
Quiso levantar la cabeza para ver qué pasaba, pero Iván la tenía sujeta con fuerza contra su pecho.
A ella solo le quedó aferrarse desesperadamente al borde de su camisa.
—Iván...
—¡Está sangrando! ¡Rápido, llamen a un médico! —gritó alguien entre la multitud.
A Raina se le encogió el corazón de golpe.
Intentó incorporarse para ver la herida, pero él no la dejó.
—No mires... estoy bie