Habían pasado quince años desde la partida de Lucas Rafael Montenegro. El año era 2125 y la casa grande de Santo Domingo se había convertido en un verdadero santuario familiar. El flamboyán sobre las tumbas había crecido frondoso, cubriendo con su sombra roja las tres lápidas que descansaban en paz: Lucas Montenegro, Isabel y Lucas Rafael.
Esa tarde de diciembre, la familia celebraba la Navidad más numerosa hasta ahora. Siete generaciones se reunían bajo el mismo techo. La mesa principal ocupab