Había perdido la cuenta de las horas que llevábamos en el jet, pero sabía de sobra que eran muchas ya que hace unas horas la azafatas nos trajo de cenar. Carmen y Helen se habían dormido hace unas horas, Damián seguía tecleando en el computador como un maniático - bueno, tampoco es como si estuviera muy lejos de serlo - y yo no tenía nada que hacer.
Había dormido muchas horas en lo que iba de vuelo y me desperté con la cabeza pegada al brazo de Damián cuando la azafatas puso la bandeja con nues