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Habían pasado tres días desde que llegamos a Grecia pero yo lo sentía como una eternidad. No había salido de la casa desde que llegué. En estós tres días casi no veía a Damián, pues el rubio salía antes que yo despertará y volvía cuando ya casi estaba dormida, así que no habíamos hablado mucho desde que rompió la puerta.

Reí recordando la puerta con la cerradura rota, ese mismo día en la tarde vino un hombre y reparó la cerradura, pero ya después no intenté volver a cerrar la puerta ni siquiera
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