Aria despertó, cuando el sol estuvo más alto en el cielo y el rayo de luz se filtró entre las cortinas y chocó en su rostro. Parpadeó varias veces antes de ubicarse: la habitación amplia, el aroma leve a madera, el silencio cómodo… la casa de Demian. Su cuerpo aún estaba enredado entre las sábanas tibias, y el brazo de él reposaba, pesado y firme sobre su cintura.
Se movió apenas para estirar los dedos y él abrió los ojos, como si hubiera estado esperándola.
—¿Aún no anochece? —murmuró, con esa