Cuatro semanas después.
El aeropuerto de Toronto la recibió con una calma distinta. Aria avanzó entre la gente con la valija rodando a su lado, sin apuro, como si no tuviera que llegar a ningún lugar más que a su interior. Martina, su hermana menor, la vio primero y levantó la mano totalmente emocionada de tener a la mayor una temporada.
—¡¡¡Llegaste!!! —dijo cuando la abrazó—. Estás delgada —agregó con tono reprensivo.
—Claro que no —retrucó la joven—. Tü eres una exagerada —comentó Aria, sonr