El mediodía había llegado sin prisa a la casa de las chicas. No había despertadores ni horarios estrictos, pero la noche de trabajo en el bar no fue tan agitada como para dejar a ambas agotadas. La luz entraba de costado por los ventanales y el murmullo en la cocina hizo que Aria se despertara —fue la última en hacerlo—. Bajó de la cama y caminó por el corredor hacia la cocina, donde ya se encontraban Martina y Sophie tomando un café sentadas a la mesa. Ambas voltearon a verla y rieron divertid