La casa estaba despierta antes de que anocheciera del todo. No había euforia, solo ese movimiento constante que antecede a una noche larga. Y lo sería tanto para Aria y Sophie porque les tocaba turno en el bar. La joven camarera ató el cabello frente al espejo del pasillo mientras su amiga buscaba un par de aros propios para la fecha, no había motivos para no verse bien en las últimas horas del año aunque trabajase. Y Martina revisaba el celular sentada en el borde del sillón confirmando quien