Miguel
—Miguel, eres un imbécil. ¿Qué son esas nuevas reglas de no fumar en el coche? —por el retrovisor veo cómo Tiago frunce el gesto al volante—. Ya tengo los oídos hinchados. Y, en general, ponte tú a conducir. ¿Qué, te has creído chófer o qué?
—Ajá.
El asiento trasero aún conserva el olor del pelo de la chica. Que se quede así. No pienso llenar el habitáculo de humo.
Me dejo caer a lo largo del asiento, estiro las piernas y apoyo las botas en el tapizado claro del techo. Las “seis” de mi v