En ese momento, una nueva voz se escuchó entre la multitud.
—¿Es el señor Rivera? ¿Qué hace Alejandro Rivera aquí?
—¡Sí es él! ¡Y viene con guardaespaldas!
Muchas personas salieron del comedor para ver qué ocurría afuera.
Desde un lujoso coche bajó Alejandr, escoltado por seis guardaespaldas vestidos con trajes negros.
Alejandro vestía un traje impecable, con el escudo de la familia Rivera prendido en el pecho. Su rostro era de una perfección impecable, y sus ojos alargados, profundos y oscuros,