Alejandro respondió con indiferencia:
—Entonces que se haga cargo ella misma de su desastre. Sin la familia Valdés, esa señorita no es nadie.
En ese momento, sonó el teléfono fijo de la oficina.
Alejandro contestó, y del otro lado se escuchó la voz de recepción:
—Señor Rivera, hay una señorita que dice venir de parte de la familia Valdés. Quiere verlo.
Al escuchar que era Sofía, Alejandro se recostó contra el sillón con una sonrisa fría:
—Déjala subir.
—Sí, señor.
La recepcionista colgó.
Muy pro