La maleta de Sofía, sin que ella se diera cuenta, ya había sido abierta por aquella mujer de mediana edad.
Al ver la escena, Sofía frunció el ceño:
—¿Qué estás haciendo?
La otra, al verla llegar, mantuvo intacta su actitud prepotente:
—Voy a rescindir el contrato contigo. Desde ahora, ya no puedes vivir en esta casa.
Sofía soltó una risa incrédula ante semejante descaro:
—He pagado la renta. ¿Con qué derecho me sacas?
—Con el derecho de ser la dueña. Si yo digo que no te quedas, entonces tienes