La casera miró los billetes en su mano y, al final, cedió un poco:
—Que se quede una noche, está bien. Pero mañana mismo me la sacan de aquí. Mi casa no es para que entre cualquier, no quiero mala suerte.
Los vecinos alrededor murmuraban, señalando a Sofía, convencidos de que no era ninguna señorita decente.
Sofía, al ver aquella escena, no pudo evitar reír con ironía.
Ni siquiera los departamentos de lujo que le había buscado Alejandro le interesaban, mucho menos un edificio viejo y ruinoso com