Ella ni siquiera era consciente de su propia inteligencia.
Con ese pensamiento, Elías dejó los papeles en la mesa y salió despacio de la habitación.
En la sala, Bruno llevaba puesto un delantal y, desde la cocina, preparaba una cena sencilla.
Sofía siempre había imaginado que alguien como Elías, con la fortuna que tenía, vivía rodeado de manjares y exquisiteces. Lo mínimo serían cortes finos de carne y banquetes. Pero al ver en la mesa unos nopales con queso, un guisado sencillo de calabacitas,