Sofía dejó la pluma sobre la mesa y dijo con firmeza:
—Si el señor Casanova quiere convencerme de que renuncie, entonces olvídelo. No voy a rendirme. Si usted no me enseña, aprenderé sola.
Dicho esto, Sofía se dispuso a marcharse.
Detrás de ella, Elías Casanova preguntó:
—¿Un simple título de graduación? ¿De verdad es tan importante para ti?
—Sí. —Sofía lo miró de frente, muy seria—. Para usted quizá no signifique nada, pero para mí es fundamental. Este examen lo voy a aprobar, cueste lo que cue