Él jamás permitiría que Sofía se saliera con la suya.
—Alejandro, la señorita Valdés ya dejó clara su postura, no la obligues más —dijo con frialdad la abuela Rivera, ansiosa por cortar de raíz cualquier vínculo entre Sofía y su nieto.
—¿No es que la señorita Valdés está empeñada en terminar sus estudios? —añadió con desdén—. Entonces arréglale un departamento cerca de la universidad, que se recupere allá.
—Abuela, ella…
—¡Basta! Así se hará.
En la familia Rivera, la palabra de la anciana era le