Sofía le regaló a Elías una sonrisa apenas amable.
—Me contaron que tiene a varios guaruras entrenados bajo su mando. Justo ahora me viene bien, porque últimamente he notado que alguien me sigue a unos cincuenta metros. Usted entiende.
No dijo más, pero la insinuación estaba clara. Elías tenía a alguien vigilándola y vaya a saber con qué intención. Ella lo sabía, aunque no lo mencionara. Y, al final, estaba subida en el mismo barco que él. Si quería bajarse, dependía de su voluntad.
—¿Sabes qué